Testimonios

 

El Caso de Mª Margarita

Cuando me decidí a realizar la terapia del AtlasPROfilax, no sabía por donde empezar mi historial médico: cáncer de Tiroides hace 8 años con un remanente hace 2; espondilitis anquilosante y sacroilitis  bilateral, que me producían molestias casi permanentes en la espalda, y dolores inmovilizantes en la cadera. Además, a consecuencia de la última cirugía en el cuello para tratar el remanente en la tiroides,  padecía contracturas y dolores permanente.  Tras un más de un año de sesiones periódicas de fisioterapia sin ver resultados positivos, ya estaba resignada… Terminaba cada día sintiéndome completamente  extenuada, mi estado de ánimo era muy cambiante y los dolores que sentía en mi cuerpo eran los que determinaban mi buen o mal humor.  Los dolores de la cadera y la espalda empezaban a imponerme  cambios en mi forma de vivir, pues debía meditar cualquier actividad por miedo a las consecuencias.

Al salir de la terapia, me sentía tan ligera como nunca lo había sentido (¡o quizás lo había olvidado!).  Caminaba mirándome en las vitrinas y me sorprendí de ver que mi espalda estaba mucho mas recta que antes.  Esa noche, y a partir de entonces, volví a tener un sueño reparador.  Lo primero que identifiqué fue que me levantaba en las mañanas sin que la planta de los pies me doliera.  Mi estado de salud empezó a cambiar tan rápido y de forma tan favorable que los días iban pasando y fácilmente me fui olvidando del dolor. Tras un par de meses me di cuenta que el dolor de la espalda, cadera y las piernas no había vuelto. En los dos controles médicos que he tenido desde entonces con el Reumatólogo, éste se ha sorprendido, pues los indicadores clínicos continúan mostrando la presencia de una espondilitis anquilosante pero hay ausencia de sintomatología: mi movilidad es igual a la de cualquier otra persona de mi edad y no hay calcificaciones entre las vertebras!

Sé en mi interior que haber corregido la posición de mi atlas ha tenido y seguirá teniendo efectos más allá de los descritos en mi cuerpo físico. Todo para mí ha sido ganancia.